domingo, 24 de febrero de 2013

Sínodo Diocesano


¿Por qué celebrar ahora nuestro Sínodo Diocesano?

  • Porque hace más de cien años que no revisamos sinodalmente nuestra dinámica pastoral.
  •  Porque hemos de dejarnos evangelizar por Cristo para ser evangelizadores.
  •  Porque necesitamos salir de nuestras inercias, escuchar, discernir, y, juntos, hacernos nuevas preguntas.
  •  Porque seguimos la llamada de Cristo a ser sal y luz en nuestra sociedad.
  •  Porque queremos escuchar a tantas personas que silenciosamente abandonan la vivencia de su fe en la Iglesia.

Orar con una sonrisa diaria


A San Antonio de Padua se le cuelgan multitud de milagros. Se cuenta, incluso, que por tanto exceso, el superior de su convento le prohibió hacerlos.

A ningún otro santo se le atribuyen tantos hechos milagrosos: Algunos que hizo él, muchos que no hizo y varios que hicieron otros santos.

A este último grupo pertenece el siguiente, obra, al parecer, de San Vicente Ferrer:

Un día, cuando Antonio volvía para el convento, un obrero que trabajaba en lo alto de un andamio, patinó y se cayó. Al ver desde el aire a San Antonio que pasaba, exclamó:

-¡Antonio, sálvame!

San Antonio, obediente a la prohibición de su superior, le dijo:

-Espera que voy a pedir permiso.

El bueno del obrero se quedó flotando a seis o siete metros de altura. Y cuando el fraile Antonio expuso a su superior lo que pasaba, éste, razonablemente, le dijo:

-Hombre, si lo tienes en el aire, bájalo.



San Antonio era santo. Pero no era santo porque hacía milagros. Era santo porque vivía santamente la vida de cada día.
De la vida de San José no conocemos ni un solo milagro. Mejor dicho, sólo conocemos el milagro de su extraordinaria fidelidad a lo que Dios le ha pedido en cada instante.
Ése es, sin duda, el mayor milagro de cada santo. Y ése es el gran milagro que todos podemos y debemos hacer a diario.

(Tomado del libro de Agustín Filgueiras "Orar con una sonrisa diaria" Colección HABLAR CON JESÚS)

Domingo II de Cuaresma


En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.
De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se calan de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:
- «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
No sabia lo que decía.
Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía:
- «Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.»
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que hablan visto.

martes, 19 de febrero de 2013

Oración para nuestro Sínodo Diocesano

 
Dios Padre,
mira con bondad a esta Iglesia Compostelana
que, a ejemplo del Apóstol Santiago,
peregrina con el compromiso
de vivir y anunciar el Evangelio.

Te pedimos la luz y la fuerza de tu Espíritu
para agradecer tus dones,
reconocer nuestras deficiencias
y asumir el compromiso de la nueva evangelización.
Que los trabajos del Sínodo,
acontecimiento de gracia y de renovación,
nos ayuden a adherirnos fielmente a Cristo,
manteniéndonos fuertes en la fe,
seguros en la esperanza
y constantes en el testimonio de la caridad.

Con la intercesión materna de la Virgen María
y el patrocinio del Apóstol Santiago,
bendice, Señor, nuestros proyectos,
anima nuestro espíritu de comunión eclesial
y danos un renovado impulso en la vida cristiana.
Amén

Sínodo Diocesano


Renovarnos en Comunión desde Cristo

¿Qué es nuestro Sínodo Diocesano?

  • Un proceso convocado por nuestro Pastor en el que toda la Iglesia Diocesana se descubre protagonista de su rumbo pastoral.

  • Una oportunidad para que, caminando juntos, tomamos conciencia de todo lo que implica nuestro Bautismo.

  • Un servicio a nuestra Diócesis de Santiago de Compostela y a nuestra sociedad, ante los cambios que estamos viviendo.

  • Un impulso desde la Palabra de Dios para la Nueva Evangelización y una puesta al día de nuestra experiencia de fe.

  • Un instrumento para optimizar nuestras energías, actividades y estructuras diocesanas.


Orar con una sonrisa diaria


Cuentan que el papa Julio II, muerto en 1513, cuando decidió construir la Basílica de San Pedro del Vaticano, encargó el proyecto al arquitecto Bramante, entonces ya famoso.

Cuando el arquitecto terminó el bosquejo de lo que planeaba, tuvo la ocurrencia de mandárselo al Papa por uno de sus hijos, un pequeño de pocos años. El Papa, después de examinar los dibujos y charlar con el crío, le dijo:

-Como esto que me has traído me gusta mucho, voy a hacerte un regalo. 

Y mostrando al niño una bolsa con monedas, le dijo:

-Coge todas las que quieras: son para ti.

Y el crío, con la lógica y la sensatez aplastante de los críos, replicó:

-No, Santo Padre. Coga usted, que tienen las manos más grandes.




Ésa debería ser la actitud lógica y coherente, de todo cristiano ante Dios: ¡Dios mío, lo que Tú quieras: que vas a escoger mucho mejor que yo!
Luchar por hacer la voluntad de Dios es santidad. Y además, es negocio.

(Tomado del libro de Agustín Filgueiras "Orar con una sonrisa diaria" Colección HABLAR CON JESÚS)

domingo, 3 de febrero de 2013

Domingo IV del tiempo ordinario


En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:
- «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.
Y decían:
- «¿No es éste el hijo de José?»
Y Jesús les dijo:
- «Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.»
Y añadió:
- «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel habla muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.