domingo, 30 de enero de 2011

IV domingo del tiempo ordinario


En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:

-«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»


sábado, 29 de enero de 2011

Recordando el mensaje de Benedicto XVI en Compostela


"La nueva evangelización"

En el mundo occidental, se da un punto central entre su secularismo, su laicidad, y la continuidad de la fe que debe renovarse para ser la de de hoy y para responder al desafío de la laicidad. Y esto vale también para España donde ha nacido una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo y esta disputa más aún, este enfrentamiento entre fe y modernidad, ambos muy vivaces.
Por eso, para el futuro de la fe y del encuentro -¡no el desencuentro!, sino encuentro- entre fe y laicidad, tiene un foco central también en la cultura española. En este sentido, en la creación del Dicasterio para la nueva evangelización, he pensado en todos los grandes países de Occidente, pero sobre todo también en España.

lunes, 24 de enero de 2011

Nuestro Blog en la prensa




Ocho parroquias de A Coruña evangelizan y dan a conocer sus actividades a través de una página web propia mientras otras ya cuentan con un perfil en redes sociales como Facebook.



San Pedro de Visma.
La web
parroquiasanpedrodevisma.blogspot.com con más de 6.800 visitas en dos años- es una de las más completas de A Coruña. Junto a los datos de la parroquia -horarios, historia o actividades que celebran-, la página incluye enlaces a múltiples sitios de interés para católicos (Santa Sede, Archidiócesis de Santiago), entradas en las que se aporta la visión de la Iglesia sobre temas tan variados como la familia, las vocaciones o la crisis así como enlaces a vídeos de temática religiosa o links sobre campañas de solidaridad o la labor de Cáritas. Entre las principales novedades de esta web destaca la posibilidad de que los feligreses dejen sus comentarios -a modo de muro de Facebook- sobre cualquier tema y la sección Orar con una sonrisa, dónde a partir de una anécdota o chiste religioso se extrae una moraleja, que analizan desde la parroquia para ayudar a cualquier internatura. El sacerdote de esta iglesia, Simón David Castro se siente muy satisfecho con la aceptación que tiene la web, que surgió gracias a una catequista de la parroquia. "Ella me enseñó a manejar el ordenador y me pareció muy interesante que la parroquia pudiese estar en internet porque llegas a mucha gente", señala aunque reconoce "que, a los mayores, la tecnología todavía les cuesta".

XLV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales


“Verdad, anuncio y autenticidad de vida en la era digital”, mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2011

Queridos Hermanos y Hermanas, Con ocasión de la XLV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, deseo compartir algunas reflexiones, motivadas por un fenómeno característico de nuestro tiempo: la propagación de la comunicación a través de internet. Se extiende cada vez más la opinión de que, así como la revolución industrial produjo un cambio profundo en la sociedad, por las novedades introducidas en el ciclo productivo y en la vida de los trabajadores, la amplia transformación en el campo de las comunicaciones dirige las grandes mutaciones culturales y sociales de hoy. Las nuevas tecnologías no modifican sólo el modo de comunicar, sino la comunicación en sí misma, por lo que se puede afirmar que nos encontramos ante una vasta transformación cultural. Junto a ese modo de difundir información y conocimientos, nace un nuevo modo de aprender y de pensar, así como nuevas oportunidades para establecer relaciones y construir lazos de comunión.

Se presentan a nuestro alcance objetivos hasta ahora impensables, que asombran por las posibilidades de los nuevos medios, y que a la vez exigen con creciente urgencia una seria reflexión sobre el sentido de la comunicación en la era digital. Esto se ve más claramente aún cuando nos confrontamos con las extraordinarias potencialidades de internet y la complejidad de sus aplicaciones. Como todo fruto del ingenio humano, las nuevas tecnologías de comunicación deben ponerse al servicio del bien integral de la persona y de la humanidad entera. Si se usan con sabiduría, pueden contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiración más profunda del ser humano.

Transmitir información en el mundo digital significa cada vez más introducirla en una red social, en la que el conocimiento se comparte en el ámbito de intercambios personales. Se relativiza la distinción entre el productor y el consumidor de información, y la comunicación ya no se reduce a un intercambio de datos, sino que se desea compartir. Esta dinámica ha contribuido a una renovada valoración del acto de comunicar, considerado sobre todo como diálogo, intercambio, solidaridad y creación de relaciones positivas. Por otro lado, todo ello tropieza con algunos límites típicos de la comunicación digital: una interacción parcial, la tendencia a comunicar sólo algunas partes del propio mundo interior, el riesgo de construir una cierta imagen de sí mismos que suele llevar a la autocomplacencia.

De modo especial, los jóvenes están viviendo este cambio en la comunicación con todas las aspiraciones, las contradicciones y la creatividad propias de quienes se abren con entusiasmo y curiosidad a las nuevas experiencias de la vida. Cuanto más se participa en el espacio público digital, creado por las llamadas redes sociales, se establecen nuevas formas de relación interpersonal que inciden en la imagen que se tiene de uno mismo. Es inevitable que ello haga plantearse no sólo la pregunta sobre la calidad del propio actuar, sino también sobre la autenticidad del propio ser. La presencia en estos espacios virtuales puede ser expresión de una búsqueda sincera de un encuentro personal con el otro, si se evitan ciertos riesgos, como buscar refugio en una especie de mundo paralelo, o una excesiva exposición al mundo virtual. El anhelo de compartir, de establecer “amistades”, implica el desafío de ser auténticos, fieles a sí mismos, sin ceder a la ilusión de construir artificialmente el propio “perfil” público.

Las nuevas tecnologías permiten a las personas encontrarse más allá de las fronteras del espacio y de las propias culturas, inaugurando así un mundo nuevo de amistades potenciales. Ésta es una gran oportunidad, pero supone también prestar una mayor atención y una toma de conciencia sobre los posibles riesgos. ¿Quién es mi “prójimo” en este nuevo mundo? ¿Existe el peligro de estar menos presentes con quien encontramos en nuestra vida cotidiana ordinaria? ¿Tenemos el peligro de caer en la dispersión, dado que nuestra atención está fragmentada y absorta en un mundo “diferente” al que vivimos? ¿Dedicamos tiempo a reflexionar críticamente sobre nuestras decisiones y a alimentar relaciones humanas que sean realmente profundas y duraderas? Es importante recordar siempre que el contacto virtual no puede y no debe sustituir el contacto humano directo, en todos los aspectos de nuestra vida.

También en la era digital, cada uno siente la necesidad de ser una persona auténtica y reflexiva. Además, las redes sociales muestran que uno está siempre implicado en aquello que comunica. Cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten a sí mismas, su visión del mundo, sus esperanzas, sus ideales. Por eso, puede decirse que existe un estilo cristiano de presencia también en el mundo digital, caracterizado por una comunicación franca y abierta, responsable y respetuosa del otro. Comunicar el Evangelio a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos abiertamente religiosos en las plataformas de los diversos medios, sino también dar testimonio coherente en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio, incluso cuando no se hable explícitamente de él. Asimismo, tampoco se puede anunciar un mensaje en el mundo digital sin el testimonio coherente de quien lo anuncia. En los nuevos contextos y con las nuevas formas de expresión, el cristiano está llamado de nuevo a responder a quien le pida razón de su esperanza (cf. 1 P 3,15).

El compromiso de ser testigos del Evangelio en la era digital exige a todos el estar muy atentos con respecto a los aspectos de ese mensaje que puedan contrastar con algunas lógicas típicas de la red. Hemos de tomar conciencia sobre todo de que el valor de la verdad que deseamos compartir no se basa en la “popularidad” o la cantidad de atención que provoca. Debemos darla a conocer en su integridad, más que intentar hacerla aceptable, quizá desvirtuándola. Debe transformarse en alimento cotidiano y no en atracción de un momento.

La verdad del Evangelio no puede ser objeto de consumo ni de disfrute superficial, sino un don que pide una respuesta libre. Esa verdad, incluso cuando se proclama en el espacio virtual de la red, está llamada siempre a encarnarse en el mundo real y en relación con los rostros concretos de los hermanos y hermanas con quienes compartimos la vida cotidiana. Por eso, siguen siendo fundamentales las relaciones humanas directas en la transmisión de la fe.

Con todo, deseo invitar a los cristianos a unirse con confianza y creatividad responsable a la red de relaciones que la era digital ha hecho posible, no simplemente para satisfacer el deseo de estar presentes, sino porque esta red es parte integrante de la vida humana. La red está contribuyendo al desarrollo de nuevas y más complejas formas de conciencia intelectual y espiritual, de comprensión común. También en este campo estamos llamados a anunciar nuestra fe en Cristo, que es Dios, el Salvador del hombre y de la historia, Aquél en quien todas las cosas alcanzan su plenitud (cf. Ef 1, 10). La proclamación del Evangelio supone una forma de comunicación respetuosa y discreta, que incita el corazón y mueve la conciencia; una forma que evoca el estilo de Jesús resucitado cuando se hizo compañero de camino de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35), a quienes mediante su cercanía condujo gradualmente a la comprensión del misterio, dialogando con ellos, tratando con delicadeza que manifestaran lo que tenían en el corazón.

La Verdad, que es Cristo, es en definitiva la respuesta plena y auténtica a ese deseo humano de relación, de comunión y de sentido, que se manifiesta también en la participación masiva en las diversas redes sociales. Los creyentes, dando testimonio de sus más profundas convicciones, ofrecen una valiosa aportación, para que la red no sea un instrumento que reduce las personas a categorías, que intenta manipularlas emotivamente o que permite a los poderosos monopolizar las opiniones de los demás. Por el contrario, los creyentes animan a todos a mantener vivas las cuestiones eternas sobre el hombre, que atestiguan su deseo de trascendencia y la nostalgia por formas de vida auténticas, dignas de ser vividas. Esta tensión espiritual típicamente humana es precisamente la que fundamenta nuestra sed de verdad y de comunión, que nos empuja a comunicarnos con integridad y honradez.

Invito sobre todo a los jóvenes a hacer buen uso de su presencia en el espacio digital. Les reitero nuestra cita en la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, cuya preparación debe mucho a las ventajas de las nuevas tecnologías. Para quienes trabajan en la comunicación, pido a Dios, por intercesión de su Patrón, san Francisco de Sales, la capacidad de ejercer su labor conscientemente y con escrupulosa profesionalidad, a la vez que imparto a todos la Bendición Apostólica.
Vaticano, 24 de enero 2011, Fiesta de San Francisco de Sales.

BENEDICTUS PP. XVI


domingo, 23 de enero de 2011

Semana de oración por la unidad (18 a 25 de enero)


La Iglesia madre de Jerusalén, ideal de comunión eclesial

1 Desde que san Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles presentara la comunión como una característica de la primitiva comunidad cristiana, la Iglesia de Jerusalén ha atraído siempre las miradas de todas las Iglesias del mundo como ideal eclesial.

San Lucas nos ha transmitido una crónica de la vida de la Iglesia madre que propone a todas las Iglesias, pero el evangelista no ha ocultado que en esa Iglesia surgieron ya desde el principio tensiones, pues “al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas” (Hech 6,1). Estas quejas dieron ocasión a que los Doce instituyeran el ministerio del diaconado.

Después, en la medida en que se extendía la predicación y crecía la Iglesia en los países gentiles, se originaron nuevas tensiones entre los judíos partidarios de que los paganos convertidos a Cristo observaran la ley de Moisés y los que, con Pablo a la cabeza, consideraban que someter a los nuevos cristianos a la circuncisión era tanto como atribuir a la ley mosaica la salvación que sólo Cristo podía dar. El libro de los Hechos da cuenta de cómo el Espíritu Santo fue haciendo patente a la comunidad apostólica el carácter universal e irrevocable de la salvación, defendido ya sin ambages por Pedro, quien dice en casa del centurión romano Cornelio: “Pues, si Dios les ha dado a ellos [a los gentiles] el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponer a Dios?” (Hech 11,17).

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III domingo del Tiempo Ordinario


Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftali. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»
Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, al que llaman Pedro, y Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores.
Les dijo: «Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.»
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

sábado, 22 de enero de 2011

CARTA PASTORAL EN LA JORNADA DE LA INFANCIA MISIONERA


“Siguiendo a Jesús…”

Queridos niños/as:

Este 23 de enero la Iglesia dedica de manera especial su atención a la Infancia Misionera con el lema: “Con los niños de Oceanía seguimos a Jesús”. La Jornada de la Infancia misionera nos recuerda que estamos llamados a ser miembros activos de la Iglesia, a conocer a Jesús que es el Camino, la Verdad y la Vida, a ser sus amigos desde niños y a seguirle en su misión. Desde su origen se puso bajo la protección del Niño Jesús, con la finalidad de que todos los niños puedan ayudarse mutuamente. Me alegra escribiros con este motivo. El año pasado queríamos buscar a Jesús en medio de los niños de África. Este año se nos pide seguir a Jesús con los niños de Oceanía. El propósito de ayudar a otros niños con la oración y la colaboración económica para que puedan conocer la Buena Noticia del Evangelio es muy valorado por la Iglesia.
“Aprecio mucho, os decía el Papa Benedicto XVI, vuestro compromiso en la Infancia Misionera.
Sois pequeños colaboradores en el servicio que el Papa presta a la Iglesia y al mundo: vosotros me sostenéis con vuestra oración y también con vuestro compromiso por difundir el Evangelio”.
Acabamos de celebrar el nacimiento de Jesús en Belén. Él nos llama a seguirle, como llamó a sus discípulos y a tantos cristianos a través de los tiempos para formar una gran familia en la que unos deben cuidar de otros. En Oceanía la Iglesia cuenta con santos y mártires que son fuente de esperanza para el futuro. “Ya desde la antigüedad los pueblos de Oceanía estaban conmovidos por la presencia divina en las riquezas de la naturaleza y de la cultura. Pero solamente con la venida de misioneros extranjeros en la última mitad del segundo milenio los nativos tuvieron noticia por primera vez de Jesucristo, el Verbo hecho carne. Cuantos emigraron de Europa y de otros países del mundo llevaron consigo la propia fe. Para todos el Evangelio de Jesucristo, recibido con fe y en la comunión de la Iglesia superaba la expectativas más profundas del corazón humano”. Los niños de este continente desean conocer más a Jesús para seguirle y amarle, contando con vuestra compañía espiritual. Estoy seguro de que queréis acompañarles y de que ahora al leer esta carta, os estéis preguntando qué podéis hacer a tantos kilómetros de distancia.
El año pasado os pedía colaborar con la Obra pontificia de la Infancia Misionera, formando parte de la gran familia que lleva la Buena Noticia de Jesús al mundo. El programa de la familia misionera es escuchar la palabra de Dios. Hay que estar muy atentos a lo que Jesús nos dice a través de su palabra y de sus hechos que podemos ver reflejados en el Evangelio.
También hay que rezar mucho: cuando rezamos Dios nos escucha siempre y presta atención a aquello que le decimos al comenzar el día, a mediodía y a la noche. De manera especial habéis de participar en la Misa del Domingo.
En cada uno de vosotros veo aquel niño que estaba cerca de Jesús, le seguía como uno más entre la multitud y llevaba cinco panes de cebada y dos peces (Jn 6,9) para que Jesús realizara el milagro de la multiplicación de los panes y peces y así saciara el hambre de aquella multitud que le seguía. También como aquel niño vosotros sois generosos y desprendidos,ofreciendo lo que tenéis y dejando hacer a Jesús: “Todo apunta a lo mismo: la debilidad, la pequeñez, la humildad, el ser niño y saberse pobre, no sólo no es un obstáculo para la manifestación de Jesús, sino su mejor instrumento, su idóneo cooperador”.
Os recuerdo que con vuestra generosidad e inquietud religiosa podéis contribuir a cambiar situaciones que están sufriendo tantos niños y niñas en la sociedad actual. Seguid siendo "sembradores de estrellas” que llamen nuestra atención sobre la situación de millones de niños que en todo el mundo no han oído hablar de Jesús, no tienen una formación religiosa, no cuentan con unas condiciones sanitarias mínimas, están padeciendo la esclavitud laboral, las consecuencias de las guerras y de las carencias educativas, no tienen un hogar y no son tenidos en cuenta en nuestra sociedad. Ellos confían en vuestra ayuda material y en vuestra oración. Sé que sois generosos, y estoy seguro de que vuestra respuesta será también muy generosa.
Os lo agradezco y os saludo con todo afecto, pidiendo la bendición del Señor para todos,
+Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

domingo, 16 de enero de 2011

Jornada Mundial del emigrante y del refugiado 2011


MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
PARA LA JORNADA MUNDIAL
DEL EMIGRANTE Y DEL REFUGIADO (2011)

“Una sola familia humana”

Queridos hermanos y hermanas:

La Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado brinda a toda la Iglesia la oportunidad de reflexionar sobre un tema vinculado al creciente fenómeno de la emigración, de orar para que los corazones se abran a la acogida cristiana y de trabajar para que crezcan en el mundo la justicia y la caridad, columnas para la construcción de una paz auténtica y duradera. «Como yo os he amado, que también os améis unos a otros» (Jn 13, 34) es la invitación que el Señor nos dirige con fuerza y nos renueva constantemente: si el Padre nos llama a ser hijos amados en su Hijo predilecto, nos llama también a reconocernos todos como hermanos en Cristo.

De este vínculo profundo entre todos los seres humanos nace el tema que he elegido este año para nuestra reflexión: «Una sola familia humana», una sola familia de hermanos y hermanas en sociedades que son cada vez más multiétnicas e interculturales, donde también las personas de diversas religiones se ven impulsadas al diálogo, para que se pueda encontrar una convivencia serena y provechosa en el respeto de las legítimas diferencias. El Concilio Vaticano II afirma que «todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la faz de la tierra (cf. Hch 17, 26), y tienen también un fin último, que es Dios, cuya providencia, manifestación de bondad y designios de salvación se extienden a todos» (Decl. Nostra aetate, 1). Así, «no vivimos unos al lado de otros por casualidad; todos estamos recorriendo un mismo camino como hombres y, por tanto, como hermanos y hermanas» (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2008, 6).

El camino es el mismo, el de la vida, pero las situaciones que atravesamos en ese recorrido son distintas: muchos deben afrontar la difícil experiencia de la emigración, en sus diferentes expresiones: internas o internacionales, permanentes o estacionales, económicas o políticas, voluntarias o forzadas. En algunos casos las personas se ven forzadas a abandonar el propio país impulsadas por diversas formas de persecución, por lo que la huida aparece como necesaria. Además, el fenómeno mismo de la globalización, característico de nuestra época, no es sólo un proceso socioeconómico, sino que conlleva también «una humanidad cada vez más interrelacionada», que supera fronteras geográficas y culturales. Al respecto, la Iglesia no cesa de recordar que el sentido profundo de este proceso histórico y su criterio ético fundamental vienen dados precisamente por la unidad de la familia humana y su desarrollo en el bien (cf. Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, 42). Por tanto, todos, tanto emigrantes como poblaciones locales que los acogen, forman parte de una sola familia, y todos tienen el mismo derecho a gozar de los bienes de la tierra, cuya destinación es universal, como enseña la doctrina social de la Iglesia. Aquí encuentran fundamento la solidaridad y el compartir.

«En una sociedad en vías de globalización, el bien común y el esfuerzo por él han de abarcar necesariamente a toda la familia humana, es decir, a la comunidad de los pueblos y naciones, dando así forma de unidad y de paz a la ciudad del hombre, y haciéndola en cierta medida una anticipación que prefigura la ciudad de Dios sin barreras» (Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, 7). Desde esta perspectiva hay que mirar también la realidad de las migraciones. De hecho, como ya observaba el Siervo de Dios Pablo VI, «la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» es causa profunda del subdesarrollo (Enc. Populorum progressio, 66) y -podríamos añadir- incide fuertemente en el fenómeno migratorio. La fraternidad humana es la experiencia, a veces sorprendente, de una relación que une, de un vínculo profundo con el otro, diferente de mí, basado en el simple hecho de ser hombres. Asumida y vivida responsablemente, alimenta una vida de comunión y de compartir con todos, de modo especial con los emigrantes; sostiene la entrega de sí mismo a los demás, a su bien, al bien de todos, en la comunidad política local, nacional y mundial.

El Venerable Juan Pablo II, con ocasión de esta misma Jornada celebrada en 2001, subrayó que «[el bien común universal] abarca toda la familia de los pueblos, por encima de cualquier egoísmo nacionalista. En este contexto, precisamente, se debe considerar el derecho a emigrar. La Iglesia lo reconoce a todo hombre, en el doble aspecto de la posibilidad de salir del propio país y la posibilidad de entrar en otro, en busca de mejores condiciones de vida» (Mensaje para la Jornada Mundial de las Migraciones 2001, 3; cf. Juan XXIII, Enc. Mater et Magistra, 30; Pablo VI, Enc. Octogesima adveniens, 17). Al mismo tiempo, los Estados tienen el derecho de regular los flujos migratorios y defender sus fronteras, asegurando siempre el respeto debido a la dignidad de toda persona humana. Los inmigrantes, además, tienen el deber de integrarse en el país de acogida, respetando sus leyes y la identidad nacional. «Se trata, pues, de conjugar la acogida que se debe a todos los seres humanos, en especial si son indigentes, con la consideración sobre las condiciones indispensables para una vida decorosa y pacífica, tanto para los habitantes originarios como para los nuevos llegado» (Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2001, 13).

En este contexto, la presencia de la Iglesia, en cuanto pueblo de Dios que camina en la historia en medio de todos los demás pueblos, es fuente de confianza y de esperanza. De hecho, la Iglesia es «en Cristo com un sacramento o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. Dogm. Lumen gentium, 1); y, gracias a la acción del Espíritu Santo en ella, «esforzarse por instaurar la fraternidad universal no son cosas inútiles» (Idem, Const. past. Gaudium et spes, 38). De un modo especial la sagrada Eucaristía constituye, en el corazón de la Iglesia, una fuente inagotable de comunión para toda la humanidad. Gracias a ella, el Pueblo de Dios abraza a «toda nación, razas, pueblos y lenguas» (Ap 7, 9) no con una especie de poder sagrado, sino con el servicio superior de la caridad. En efecto, el ejercicio de la caridad, especialmente para con los más pobres y débiles, es criterio que prueba la autenticidad de las celebraciones eucarísticas (cf. Juan Pablo II, Carta ap. Mane nobiscum Domine, 28).

A la luz del tema «Una sola familia humana» es preciso considerar específicamente la situación de los refugiados y de los demás emigrantes forzados, que son una parte relevante del fenómeno migratorio. Respecto a estas personas, que huyen de violencias y persecuciones, la comunidad internacional ha asumido compromisos precisos. El respeto de sus derechos, así como las justas preocupaciones por la seguridad y la cohesión social, favorecen una convivencia estable y armoniosa.

También en el caso de los emigrantes forzados la solidaridad se alimenta en la «reserva» de amor que nace de considerarnos una sola familia humana y, para los fieles católicos, miembros del Cuerpo Místico de Cristo: de hecho nos encontramos dependiendo los unos de los otros, todos responsables de los hermanos y hermanas en humanidad y, para quien cree, en la fe. Como ya dije en otra ocasión, «acoger a los refugiados y darles hospitalidad es para todos un gesto obligado de solidaridad humana, a fin de que no se sientan aislados a causa de la intolerancia y el desinterés» (Audiencia general del 20 de junio de 2007: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 22 de junio de 2007, p. 15). Esto significa que a quienes se ven forzados a dejar sus casas o su tierra se les debe ayudar a encontrar un lugar donde puedan vivir en paz y seguridad, donde puedan trabajar y asumir los derechos y deberes existentes en el país que los acoge, contribuyendo al bien común, sin olvidar la dimensión religiosa de la vida.

Por último, quiero dirigir una palabra especial, acompañada de la oración, a los estudiantes extranjeros e internacionales, que son también una realidad en crecimiento dentro del gran fenómeno migratorio. Se trata de una categoría también socialmente relevante en la perspectiva de su regreso, como futuros dirigentes, a sus países de origen. Constituyen «puentes» culturales y económicos entre estos países y los de acogida, lo que va precisamente en la dirección de formar «una sola familia humana». Esta convicción es la que debe sostener el compromiso en favor de los estudiantes extranjeros, estando atentos a sus problemas concretos, como las estrecheces económicas o la aflicción de sentirse solos a la hora de afrontar un ambiente social y universitario muy distinto, al igual que las dificultades de inserción. A este propósito, me complace recordar que «pertenecer a una comunidad universitaria significa estar en la encrucijada de las culturas que han formado el mundo moderno» (Juan Pablo II, A los obispos estadounidenses de las provincias eclesiásticas de Chicago, Indianápolis y Milwaukee en visita ad limina, 30 de mayo de 1998: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 19 de junio de 2010, p. 7). En la escuela y en la universidad se forma la cultura de las nuevas generaciones: de estas instituciones depende en gran medida su capacidad de mirar a la humanidad como a una familia llamada a estar unida en la diversidad.

Queridos hermanos y hermanas, el mundo de los emigrantes es vasto y diversificado. Conoce experiencias maravillosas y prometedoras, y, lamentablemente, también muchas otras dramáticas e indignas del hombre y de sociedades que se consideran civilizadas. Para la Iglesia, esta realidad constituye un signo elocuente de nuestro tiempo, que evidencia aún más la vocación de la humanidad a formar una sola familia y, al mismo tiempo, las dificultades que, en lugar de unirla, la dividen y la laceran. No perdamos la esperanza, y oremos juntos a Dios, Padre de todos, para que nos ayude a ser, a cada uno en primera persona, hombres y mujeres capaces de relaciones fraternas; y para que, en el ámbito social, político e institucional, crezcan la comprensión y la estima recíproca entre los pueblos y las culturas. Con estos deseos, invocando la intercesión de María Santísima Stella maris, envío de corazón a todos la Bendición Apostólica, de modo especial a los emigrantes y a los refugiados, así como a cuantos trabajan en este importante ámbito.

Orar con una sonrisa diaria


El cardenal Wiseman recibió un día la visita de un amigo. Charlaron largo rato sobre religión: Dios y la moral católica. El amigo, un hombre rico y apegado al dinero, no acababa de comprender.
El cardenal escribió una palabra en un papel y la tapó con una moneda. Luego preguntó a su amigo.
-¿Qué ves aquí?
- Veo una moneda- respondió
-¿No ves nada más?
- Nada más
Wiseman quitó la moneda y preguntó de nuevo:
-Y ahora ¿que ves?
-Veo la palabra Dios
-Entonces ¿qué es lo que te impide ver a Dios?




Cuando en la vida se pone en primer lugar el dinero o cualquier otro bien material, no se puede ver a Dios. Eso se convierte en un ídolo y oculta al Señor. "Nadie puede servir a dos señores" (Mt 6, 24)
¿Qué me impide a mi ver a Dios?
Una buena oración: "Qué esta eucaristía nos ayude, Señor, a vencer nuestro apego a los bienes de la tierra y a desear ardientemente los del cielo" (Postcomunión, martes 1º de Cuaresma)

Liturgia


TIEMPO ORDINARIO

El día 9, domingo del Bautismo del Señor, terminó el tiempo de Navidad. Y el lunes día 10 se inició el tiempo Ordinario, que en su primera fase llegará hasta el 9 de marzo, Miércoles de Ceniza, en que comienza la Cuaresma.

En el tiempo Ordinario celebremos los tres años de la vida pública del Señor: sus viajes a Jerusalén y a otros lugares, sus discursos y parábolas, sus milagros, la elección de los doce Apóstoles, etc...

El color de las vestiduras es el verde. Los domingos se permite celebrar sólo las solemnidades, pero no las fiestas ni las memorias de santos, excepto el Patrón.

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (II Domingo Ordinario)


En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venia hacia él, exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Ése es aquel de quien yo dije: "Tras de mi viene un hombre que está por delante de mi, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel. »

Y Juan dio testimonio diciendo:

-«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.

Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:

"Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo."

Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

martes, 11 de enero de 2011

LA CRUZ DE LOS JÓVENES EN CORUÑA



12:30 Acogida en María Pita y traslado a S. Jorge
12:45 Eucaristía para colegios en S. Jorge
16:30 Actos en la iglesia de S. Jorge
19:00 Eucaristía para enfermos, ancianos… Nª Sª de Lourdes
20:00 Traslado a las Bárbaras
.
Mañana y tarde: Actividades de varios colegios religiosos de la ciudad, en diferentes iglesias y centros escolares
17:30 Procesión con la Cruz de los Jóvenes desde el cruce de la calle de la Villa de Negreira con la calle de Barcelona por el tramo peatonal de la Calle de Barcelona hasta la Parroquia de San Antonio
18:30 Vigilia de Oración para jóvenes en S. Antonio
21:00 Eucaristía para toda la ciudad en la Parroquia de San Pedro de Mezonzo
23:00 Acogida en las Carmelitas de Eirís . . . . . . .
.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . ..
JUEVES 13: A CORUÑA . . . . .................. . .
8:30 Carmelitas: Eucaristía e inicia el regreso a Madrid

domingo, 9 de enero de 2011

Orar con una sonrisa diaria


En un colegio de religiosas estaba el capellán, alto, corpulento y de barba, revestido con ornamentos blancos, a la puerta de la capilla. Esperaba a los alumnos de un curso de los mayores para tener con ellos la Eucaristía.
En ese momento, un curso de los más pequeños pasaba, en filas de a dos, por delante del sacerdote. Al final de la fila iba un crío de unos cuatro años, con cara de traste, solo, desparejado. Al llegar delante del cura se paró, levantó cuanto pudo la cabeza y le preguntó:

-¿Tú eres Dios?

Habría oído decir que Dios estaba en la capilla. Al ver a la puerta a aquel hombrón se el ocurrió esa curiosa pregunta.

El cura, agachándose, entre sorprendido y divertido, le dijo:

-No, hombre,no. Yo no soy Dios

Y el crío siguió preguntando:

-Pues, ¿dónde está Dios?

- Está ahí dentro, en la capilla.

Y el hombrecillo ordenó, resuelto:

-¡Pues dile que salga!




"¡Dile que salga!" Dios no necesita salir de donde está, cambiar de lugar: ya está en todas partes.
Somos nosotros los que necesitamos aprender a descubrir a Dios en nuestro sitio, donde estamos.

(Tomado del libro de Agustín Filgueiras "Orar con una sonrisa diaria" Colección HABLAR CON JESÚS)

Compendio del Catecismo


Nº104

¿Qué nos enseña la vida oculta de Jesús en Nazaret?

Durante la vida oculta en Nazaret, Jesús permanece en el silencio de una existencia ordinaria. Nos permite así entrar en comunión con Él en la santidad de la vida cotidiana, hecha de oración, sencillez, trabajo y amor familiar. La sumisión a María y a José, su padre legal, es imagen de la obediencia filial de Jesús al Padre.

Nº105

¿Por qué Jesús recibe de Juan el «Bautismo de conversión para el perdón de los pecados»?

Jesús recibe de Juan el Bautismo de conversión para inaugurar su vida pública y anticipar el «Bautismo» de su Muerte; y aunque no había en Él pecado alguno, Jesús, «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo», acepta ser contado entre los pecadores. El Padre lo proclama su «Hijo predilecto» , y el Espíritu viene a posarse sobre Él. El Bautismo de Jesús es la prefiguración de nuestro bautismo.


Apenas se bautizó Jesús, vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre él


En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo, diciéndole:
-«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?»
Jesús le contestó:
-«Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere»
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. y vino una voz del cielo que decía:
-«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto.»

domingo, 2 de enero de 2011

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros (II domingo de Navidad)


En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.

La Palabra en el principio estaba junto a Dios.

Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.

En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venia como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe.

No era él la luz, sino testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre.

Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció.

Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.

Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre.

Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo:

«Éste es de quien dije:

"El que viene detrás de mi pasa delante de mi, porque existía antes que yo."»

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado ha conocer.


sábado, 1 de enero de 2011

Orar con una sonrisa diaria


Alguien preguntó a Enrique Fabre, entomólogo francés de fama mundial, el hombre que más sabia de insectos, "el observador incomparable", en expresión de Darwin... Alguien le preguntó, cuando al cumplir los ochenta y siete años, en 1910, fue objeto de un justo homenaje, si creía en Dios.

-No-respondió con su ingenio juguetón-.No "creo" en Dios. Lo "veo" en todas las partes.


Se ha dicho que "la mucha ciencia acerca a Dios y la poca ciencia aleja de Él". La poca ciencia junto con la soberbia de creer que se sabe todo, aleja de Dios.
La verdadera ciencia es el conocimiento del universo. Y el universo es obra, creación de Dios. No puede haber contradicción entre lo que Dios dice y lo que hace. El conocimiento de lo que Dios dice y lo que hace. El conocimiento de lo que Dios ha hecho -ciencia-, no puede contradecir lo que Dios ha dicho -fe-.
El desconocimiento o el error en cuanto al universo -falsa ciencia-, si que puede y debe ser contrario a lo que Dios dijo -falsa fe-, también debe ser contrario a lo que Dios hizo -verdadera ciencia.
En consecuencia: si vemos oposición entre ciencia y fe, o es falsa nuestra ciencia o es errónea nuestra fe.

(Tomado del libro de Agustín Filgueiras "Orar con una sonrisa diaria" Colección HABLAR CON JESÚS)

Compendio del Catecismo


Nº 88
Sobre la maternidad de María


El concilio de Calcedonia (año 451) enseña: "Hay que confesar a un solo y mismo Hijo, Jesucristo, perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, compuesto de alma racional y de cuerpo; consubstancial con el Padre según la divinidad, y consubstancial con nosotros según la humanidad; “en todo semejante a nosotros, menos en el pecado”; nacido del Padre antes de todos los siglos según la divinidad y, por nosotros y nuestra salvación, nacido en estos últimos tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios, según la humanidad».

Nº 95
¿Por qué la Virgen es Madre de Dios?

Porque es la Madre de Jesús. Y porque Jesús era Dios.