domingo, 20 de junio de 2010

Fiestas de San Pedro

Viernes 25 de junio

A las 18:00 h. en la Iglesia Parroquial, Misa del Primer Aniversario por Matilde Uzal Castro (difunta madre de nuestro Párroco)

A las 19:00 h. acto penitencial de los niños de las Primeras Comuniones del domingo. (Se suprime la misa de la tarde en la Capilla)

Sábado 26 de junio

A las 18:00 h. en la Iglesia Parroquial, Misa en honor de San Pedro y confesiones (se suprime la misa de la tarde en la Capilla)


Domingo 27 de junio

Se suprime la misa de 11:00 h en la Iglesia Parroquial.
A las 11:30 h. misa en la Capilla
A las 13:00 h. en la Iglesia Parroquial, Misa Solemne del Corpus. Primeras Comuniones. Procesión con el Santísimo.


Felices Fiestas

Orar con una sonrisa diaria


En una iglesia de Austria hay un cuadro grande representando la Última Cena. En él, además de los personajes habituales, aparecen diciendo:

-Calvino: "Esto representa mi Cuerpo"
-Zwinglio: "Esto contiene la virtud de mi cuerpo"
-Lutero: "Esto significa mi Cuerpo"
-Jesús: Esto es mi Cuerpo


La doctrina de Jesús -sobre la Eucaristía, como en los demás terrenos- es sublime, divina.
La tendencia del hombre siempre va en la misma línea: rebajarla, abaratarla, hacerla caber en nuestra inteligencia.
La Eucaristía es invento divino, no humano. En ella está patente la firma de Dios, su garantía divina.
Solo Dios puede ocurrirsele tanto. Solo Dios puede decir -y hacer- algo así. A los hombres nos rebasa tanto amor. Y no acabamos de creérnoslo.

(Tomado del libro de Agustín Filgueiras "Orar con una sonrisa diaria" Colección HABLAR CON JESÚS)

Tú eres el Mesías de Dios. El Hijo de] hombre tiene que padecer mucho


Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó:

- «¿Quién dice la gente que soy yo?»

Ellos contestaron:

- «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.»

Él les preguntó:

- «Y vosotros, ¿quién decis que soy yo?»
Pedro tomó la palabra y dijo:
«El Mesías de Dios.»

El les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió:

- «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»

Y, dirigiéndose a todos, dijo:

- «El que quiera seguirme, que se niegue a si mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.»

Compendio del Catecismo


Nº 594
«Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden»

Al pedir a Dios Padre que nos perdone, nos reconocemos ante Él pecadores; pero confesamos, al mismo tiempo, su misericordia, porque, en su Hijo y mediante los sacramentos, «obtenemos la redención, la remisión de nuestros pecados» (Col 1, 14). Ahora bien, nuestra petición será atendida a condición de que nosotros, antes, hayamos, por nuestra parte, perdonado.

Nº595
¿Cómo es posible el perdón?

La misericordia penetra en nuestros corazones solamente si también nosotros sabemos perdonar, incluso a nuestros enemigos. Aunque para el hombre parece imposible cumplir con esta exigencia, el corazón que se entrega al Espíritu Santo puede, a ejemplo de Cristo, amar hasta el extremo de la caridad, cambiar la herida en compasión, transformar la ofensa en intercesión. El perdón participa de la misericordia divina, y es una cumbre de la oración cristiana.

domingo, 13 de junio de 2010

Orar con una sonrisa diaria


Era el momento de la comunión en la santa Misa. Una mujer se acerca piadosa en la fila de comulgantes. Al llegar delante del sacerdote éste dice, mostrando la Sagrada Hostia: - El Cuerpo de Cristo Y la buena mujer, con una explicación salida del alma, responde: -¡¡Sálvame!!

Como respuesta no es la indicada, pero como súplicas es muy adecuada.
Se ve que la buena señora estaba acostumbrada a rezar esa piadosa y preciosa oración de San Igancio: "Alma de Cristo, santifícame, Sangre de Cristo, sálvame, Sangre de Cristo, embriágame, Agua del costado de Cristo, lávame, Pasión de Cristo, confórtame. O a mi buen Jesús, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. Del maligno, enemigo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame y mándame ir a Ti, para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos. Amén"

Una oración muy apropiada para el momento de recibir a Jesús. Y, más aún, para los minutos que siguen a ese profundo abrazo que entraña cada Comunión.

(Tomado del libro de Agustín Filgueiras "Orar con una sonrisa diaria" Colección HABLAR CON JESÚS)


Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor


En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo:
- «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.»
Jesús tomó la palabra y le dijo:
- «Simón, tengo algo que decirte.»
Él respondió:
- «Dímelo, maestro.»
Jesús le dijo:
- «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?»
Simón contestó:
- «Supongo que aquel a quien le perdonó más.»
Jesús le dijo:
- «Has juzgado rectamente.»
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
- «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.»
Y a ella le dijo:
- «Tus pecados están perdonados.»
Los demás convidados empezaron a decir entre sí:
– «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer:
- «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»
Después de esto iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

Compendio del Catecismo


Nº 592 y 593 "Danos hoy nuestro pan de cada día"

Pedimos a Dios, con confiaco abandono de hijos a su Padre, el necesario alimento cotidiano.
Le pedimos también la gracia de saber obrear, con justicia y solidaridad, para que la abundancia de unos cubra las necesidades de otros.

Y como "no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Dios"; el pedir el pan se refiere también al hambre de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo, así como al hambre del Espíritu Santo. Es decir, la Eucaristía, que anticipa el banquete del Reino venidero.

En resumen, que en esta petición no pedimos sólo el pan material.

domingo, 6 de junio de 2010

Comieron todos y se saciaron


En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.
Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle:
- «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.»
Él les contestó:
- «Dadles vosotros de comer.»
Ellos replicaron:
- «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vaya-mos a comprar de comer para todo este gentío.»
Porque eran unos cinco mil hombres.
Jesús dijo a sus discípulos:
- «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.»
Lo hicieron así, y todos se echaron.
Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y co-gieron las sobras: doce cestos.

sábado, 5 de junio de 2010

Mensaje de la Comisión Episcopal de Pastoral Social


El sacerdote, hombre de la Caridad

Celebramos este año la fiesta del Corpus Christi cuando nos disponemos a culminar en la Iglesia el Año Sacerdotal proclamado con ocasión de la celebración del ciento cincuenta aniversario de la muerte de Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars.

A lo largo del año, los sacerdotes han sido invitados a reavivar el don que han recibido y a profundizar en la riqueza personal y comunitaria que significa el ministerio sacerdotal que se les ha confiado. La figura del Santo Cura de Ars les ha motivado e iluminado para vivir el sacerdocio como expresión del amor de Dios con que se sienten amados y, al mismo tiempo, impulsados para que los hombres y mujeres de nuestro tiempo se sientan igualmente amados por el Dios del amor. En las palabras del Cura de Ars y en obras suyas como “La Providencia”, orfanato para jóvenes desamparadas que resultó ser modelo en la Francia de su época para instituciones similares, han podido descubrir la radicalidad y la dimensión práctica del amor.


Ahora, en los últimos días del Año Sacerdotal que será clausurado en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, el próximo día 11, el misterio de la Eucaristía que celebramos y veneramos, misterio del Cuerpo entregado y la Sangre derramada de Jesús para la vida del mundo, ilumina de manera muy particular el ministerio de los sacerdotes. Ellos han sido llamados, consagrados y enviados por Jesús para ser transparencia de ese amor que salva al mundo amando a los hermanos y siendo Buena Noticia para los pobres[03]. Como la piedad popular ha entendido muy bien, en el Corazón de Jesús se manifiesta el misterio del amor de Dios, que, por la encarnación del Hijo eterno, nos ama también con un corazón humano.

Por este motivo, invitamos a toda la comunidad cristiana a que este año la contemplación del Señor, presente verdadera, real y sustancialmente en la Eucaristía, bajo los signos del pan y del vino, nos lleve a valorar a nuestros sacerdotes como los hombres de la caridad, como los llamó Juan Pablo II, y a rezar especialmente por ellos, para que su ministerio sea una verificación y actualización del amor de Jesús ungido por el Espíritu y enviado «a anunciar a los pobres la Buena Noticia, a proclamar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».

Por otra parte, al celebrar hoy el Día de la Caridad, os invitamos también a reconocer el servicio de los sacerdotes en el campo de la caridad y agradecer lo mucho que Cáritas debe al ministerio sacerdotal en todos sus ámbitos de realización -parroquiales, arciprestales, diocesanos, regionales y nacionales-, pues los sacerdotes no son únicamente los hombres del culto y de la palabra, son también los hombres de la caridad y tienen una tarea muy importante que realizar en la animación de la caridad y en la misión de presidir a la comunidad en la caridad. (seguir leyendo)

Orar con una sonrisa diaria


En un colegio, un grupo de pequeños de cinco años están en el oratorio "rezando". En ese momento el capellán va al sagrario a recoger el Santísimo Sacramento para llevar la comunión a un enfermo. Cuando pasa al lado del grupo de los niños, uno de ellos le pregunta:

-¿Qué llevas ahí?

-Llevo a Jesús, a Dios -le dice el sacerdote-.

-¿Y se puede ver? -insiste el pequeño-.

Y entrando en el diálogo, otro compañero le dice:

-No. No se puede ver porque ahí Dios "está escondido".



En la Eucaristía no solo está "Dios escondido"; es Dios escondido, oculto. Estar, está en todo y en todas partes: "hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir" (Conversaciones con Mons. Escrivá, Amar al mundo apasionadamente, n. 114)

El amor potencia las pupilas de nuestros ojos y nos hace descubrir a Dios en todo: lugares, sucesos y personas.
Dios parece que juega a esconderse. Y con Dios solo se conecta en la sintonía del amor. Es que esa es su sintonía.

(Tomado del libro de Agustín Filgueiras "Orar con una sonrisa diaria" Colección HABLAR CON JESÚS)

Compendio del Catecismo


Nª590
¿Qué pide la Iglesia cuando suplica «VENGA A NOSOTROS TU REINO»?

La Iglesia invoca la venida final del Reino de Dios, mediante el retorno de Cristo en la gloria.
Pero la Iglesia ora también para que el Reino de Dios crezca aquí ya desde ahora, gracias a la santificación de los hombres en el Espíritu y al compromiso de éstos al servicio de la justicia y de la paz, según las Bienaventuranzas.
Esta petición es el grito del Espíritu y de la Esposa: «Ven, Señor Jesús» (Ap 22, 20).